Nunca me cansaré de trepar la enredadera.
Tomaré cualquier cuerda que me sea útil para continuar suspendida.
Tengo conocimiento de sobra del sentir el asfalto en mis mejillas
desgarradas. Y en la caída libre concluí que tus manos eran
una trampa mortal, pero como todo lo que baja tiene que subir y viceversa
(según la ley de gravedad).
Aquí me ves escalando y no escapando, a pesar de la similitud
entre las palabras, despegando del suelo para no sólo vivir del respirar
sino de la simpleza de los momentos que te quitan el aliento.
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